WildVisor registra avistamientos de fauna y flora con geolocalización: la foto, la especie y el punto exacto. Su decisión de diseño más importante no es una función vistosa, sino una resta: cuando la especie está amenazada, las coordenadas que ven los demás salen difuminadas al menos diez kilómetros.
La ciencia ciudadana tiene un problema incómodo. Cuantos más ojos registran dónde vive cada especie, mejor se la puede proteger; pero ese mismo registro, publicado con precisión de metros, es exactamente lo que necesita quien va a por ella. Un avistamiento de una especie en peligro crítico es un dato científico y un mapa para un furtivo, a la vez.

Diez kilómetros, y solo cuando hace falta
La aplicación no difumina todo por sistema: eso arruinaría el dato para las especies comunes, donde la precisión no supone ningún riesgo. Lo aplica cuando la especie está catalogada en la Lista Roja de la UICN como vulnerable, en peligro, en peligro crítico, extinta en estado silvestre o extinta. Las dos últimas están ahí a propósito: un ejemplar de una especie dada por extinta es justo el que más vale en el mercado negro.
Por dentro no es un desplazamiento al azar, sino un redondeo a una retícula de una décima de grado, que sobre el terreno son unos once kilómetros. La diferencia importa: un punto movido al azar cambia cada vez que se pide, y comparando varias respuestas se puede triangular el original. Un punto redondeado a la retícula es siempre el mismo, y no hay nada que promediar.
Y ese cálculo no se hace en el teléfono: lo hace el servidor antes de responder. Una aplicación modificada no puede pedir la coordenada exacta, porque el servidor nunca llega a enviarla.
Tú sigues viendo tus coordenadas exactas: es tu registro. Lo que cambia es lo que se enseña a los demás.
Qué guarda, y qué no
Necesita una cuenta —correo y contraseña, sin entrada con Google ni con Apple— porque los avistamientos son tuyos y viajan contigo. Guarda lo que subes: las fotos, las notas y la especie que seleccionaste. Los permisos que pide el teléfono son tres y se leen enteros en el manifiesto de Android: cámara, ubicación e internet. No pide ubicación en segundo plano, que es la que permitiría seguirte cuando la aplicación está cerrada.
Desde agosto de 2026 no hay Firebase por medio. La cuenta, las fotos, la identificación por inteligencia artificial y los informes de fallos viven en un servidor nuestro, un complemento de WordPress escrito para esto. Es una decisión con dos caras y conviene decir las dos: se gana que ningún tercero recibe una copia del tráfico, y se pierde el respaldo de una infraestructura enorme. Preferimos responder nosotros de dónde están los datos.
Y hay un límite escrito: nunca vende los datos personales ni los usa para publicidad segmentada por ubicación exacta.
Anuncios: lo que hay hoy y lo que está previsto
Conviene decirlo con precisión, porque es fácil quedarse corto o pasarse. Hoy la aplicación no muestra publicidad: no lleva instalado ningún sistema de anuncios, y el vídeo con recompensa que aparece al agotar el cupo mensual es una simulación de cinco segundos, puesta ahí para que el resto del programa ya funcione cuando se conecte el real.
Sí está diseñada para llevarlos. Y las reglas que los limitarán no son una promesa de una política: están escritas en el propio componente que los pintará, que devuelve un hueco vacío —no un anuncio— en tres casos.
- En las pantallas de seguridad. Cámara, alertas y SOS. Una interrupción publicitaria mientras alguien avisa de un animal peligroso no es un problema de experiencia de usuario.
- A los menores. El registro pregunta el año de nacimiento y esa marca apaga la publicidad y el vídeo con recompensa.
- A quien tenga Explorer Pro.
Qué es Explorer Pro, y qué NO depende de él
La aplicación es gratuita. Lo que tiene cupo es la identificación automática: cinco especies al mes en el plan gratuito, porque cada consulta cuesta dinero en el servidor. Al llegar al límite puedes esperar al mes siguiente, ver un vídeo para desbloquear una más, o suscribirte.
Explorer Pro quita ese límite, retira los anuncios y habilita la exportación de tus datos, con siete días de prueba. Lo que importa es la otra mitad de la frase: registrar avistamientos, el mapa, las alertas y el difuminado de coordenadas no dependen de la suscripción. Nada de lo que protege a las especies está detrás de un pago.
Alertas de proximidad, y de fauna peligrosa
Con tu permiso —el de ubicación «mientras se usa», no en segundo plano— la aplicación puede mostrarte los avistamientos cercanos y avisarte de lo que hay alrededor. Ese mismo mecanismo sirve para lo contrario que registrar bichos bonitos: emitir alertas de fauna peligrosa a los usuarios cercanos.
Esas tres pantallas —cámara, alertas y SOS— están marcadas en el código como pantallas de seguridad, y esa marca tiene consecuencias concretas en lo que puede aparecer encima de ellas. Es lo que se cuenta en el apartado siguiente.
Identificar la especie sin que la clave viaje en el teléfono
Elegir la especie correcta es la parte difícil de cualquier registro de naturaleza, y ahí ayuda un modelo de inteligencia artificial: le mandas la foto y propone qué es, con su nombre científico y su categoría en la Lista Roja.
Lo interesante está en por dónde pasa esa foto. La aplicación no habla con el proveedor de inteligencia artificial: habla con nuestro servidor, y es el servidor quien pregunta. Suena a rodeo innecesario y resuelve tres cosas de golpe:
- La clave no se puede robar del programa. Un archivo de instalación de Android es un ZIP: cualquiera lo abre y lee las cadenas de texto que lleva dentro. Una clave metida ahí es una clave pública, aunque nadie lo haya querido.
- Un abusador no deja sin servicio a los demás. El servidor cuenta las peticiones por usuario y por día.
- Cambiar de proveedor no obliga a actualizar la aplicación. Es un ajuste del servidor.
Y las instrucciones que recibe el modelo también viven en el servidor, no en el teléfono: desde la aplicación solo se puede enviar una foto, nunca órdenes propias aprovechando nuestro cupo. Si un día falta la clave o se agota la cuota gratuita, el servidor responde que no está disponible y la aplicación sigue funcionando: eliges la especie a mano, como siempre.
Lo que NO recoge
La lista negativa suele decir más que la positiva. WildVisor no toca tus contactos, tu agenda, tus SMS ni tus mensajes. No guarda tu ubicación exacta —solo la del avistamiento que tú subes—. Ni historial de navegación, ni datos de salud, ni datos financieros. Y no hace grabaciones continuas de audio o vídeo.
Tus derechos sobre lo que sí guarda
Puedes acceder a tus datos personales, rectificarlos si son inexactos y eliminar tu cuenta. Lo último no es una promesa que haya que pedir por correo: el servidor tiene una dirección dedicada a borrar la cuenta, y la aplicación la usa desde su propia pantalla de perfil.
Dónde está el detalle completo
Todo lo anterior está en su política de privacidad, que es el documento que manda y lleva su fecha. Las demás aplicaciones que hacemos y mantenemos están en la página de aplicaciones.
Actualizaciones
- 2026-08-23 — WildVisor 0.11.0 / Android build 168: se subió la versión de producción a Google Play, se corrigió la declaración de ID de publicidad para reflejar que la app actual no usa Advertising ID ni SDK de anuncios, y se reenviaron a Apple la respuesta de App Review 2.1, las notas solicitadas y el video de flujo capturado en iPad físico.
Preguntas frecuentes
¿Qué hace exactamente WildVisor?
Registra avistamientos de fauna y flora con su ubicación: haces la foto, eliges la especie y añades tus notas. Cada avistamiento queda guardado con las coordenadas exactas del punto donde lo capturaste.
¿Se publica la ubicación exacta de lo que veo?
La tuya sí la ves completa. Pero cuando el avistamiento se muestra a otros usuarios y la especie está catalogada como amenazada, la aplicación desplaza el punto al menos diez kilómetros. Se aplica a las categorías vulnerable (VU), en peligro (EN), en peligro crítico (CR), extinta en estado silvestre (EW) y extinta (EX) de la Lista Roja de la UICN. El cálculo lo hace el servidor, no el teléfono.
¿Por qué difuminar las coordenadas?
Porque un avistamiento preciso de una especie amenazada es, para quien caza furtivamente o comercia con ella, un mapa. La observación científica ciudadana lleva años lidiando con esto: publicar el dato ayuda a la ciencia y a la vez señala al animal.
¿Necesito una cuenta?
Sí, y se crea con tu correo y una contraseña. No hay entrada con Google ni con Apple: no se usa ningún proveedor de identidad de terceros, así que ninguna otra empresa se entera de que usas la aplicación.
¿Muestra anuncios?
Hoy no: la aplicación no lleva instalado ningún sistema de publicidad, y el vídeo con recompensa que ves al agotar el cupo es una simulación mientras se conecta el real. Está diseñada para llevarlos, y las tres excepciones ya están escritas en el código, no en una promesa: nunca en las pantallas de seguridad —cámara, alertas y SOS—, nunca a menores y nunca a quien tenga Explorer Pro.
¿Es de pago?
No, pero la identificación automática tiene cupo: cinco especies al mes en el plan gratuito. Explorer Pro lo quita, retira los anuncios y habilita la exportación de tus datos, con siete días de prueba. Todo lo demás —registrar avistamientos, el mapa, las alertas— no depende de la suscripción.
¿Venden mis datos?
No. La política es explícita: nunca se venden los datos personales ni se usan para publicidad segmentada por ubicación exacta.
¿Sigue usando Firebase, como decía antes?
No. Desde agosto de 2026 la cuenta, las fotos, la identificación por inteligencia artificial y los informes de fallos corren en un servidor nuestro. Ninguna dependencia de Firebase queda en el proyecto; se puede comprobar leyendo la lista de paquetes de la aplicación.
¿Es lo mismo que WildSight?
Sí. WildSight era el nombre anterior del mismo proyecto. Cambió a WildVisor, y con el nombre cambió también buena parte de las tripas: la aplicación de hoy no depende de servicios de terceros para identificar a quien la usa.
